Y aquí estoy. En un momento importante del camino. Sintiendo que muchas piezas encajan y me están llevando hacia el lugar hacia donde quiero ir desde hace tiempo.
En mucho tuvo que ver mi reencuentro casi fortuito con la obra de Rodolfo Kusch. Kusch había aparecido al inicio de mis estudios en la carrera de Filosofía, mientras cursaba Sociología en el CBC, a través de La negación en el pensamiento popular. Hoy vuelve casi al final del recorrido académico, con motivo de mis prácticas docentes, con su América profunda. Digo que vuelve de un modo casi fortuito por lo siguiente: tenía ya definido mi lugar y horario de prácticas en el colegio Carlos Pellegrini, cuando, por una confusión, tuve que cambiar de colegio y curso. Y bueno, la nueva opción que me dió el profesor Gustavo Loza era ir a un Profesorado de Geografía en San Fernando, trabajando temas de filosofía latinoamericana. Y me entusiasmó. Y me entusiasmó mucho más todavía tener la posibilidad de volver a trabajar sobre la obra de Kusch.
Yo vengo de una familia de clase media muy venida a menos por lo que originó el desempleo en Argentina durante los 90’. Muchos cambios, que dolían, me hicieron ver que ya no estaba parado en aquella realidad en la que me había criado. El cambio fue intenso. Implicó decisiones y esfuerzos. La filosofía ya era mi terreno de exploración e inquietud. Me decidí a estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Allí me formé en la lectura de filósofos clásicos, modernos y contemporáneos, casi excluyentemente europeos. Y surgió una necesidad, falsa, por lo europeo. Desear estudiar en Alemania. Estudiar griego y alemán. Intentar llegar más genuinamente a esa cultura que tanto se me presentaba, casi como única opción. Y así la Filosofía, esa filosofía europea, entraba en crisis y contradicciones con mi vida cotidiana: los problemas familiares, amorosos, los para qué y por qué de algo que no terminaba de cerrar. Una obsesiva e inmensa racionalidad, que encomiaba a Aristóteles y Husserl y me situaba del lado de la epistemología, con una reprimida inquietud ética a flor de piel.
Hoy estoy en tránsito hacia otro rumbo, hacia la América profunda de la que habla Kusch. Hoy me siento (y siento), más que nunca, mestizo en intereses, entre lo popular y lo culto. Mi decisión por América me lleva a experimentar, aprender, viajar, compartir y enseñar, a asumir mis miedos y hacer algo con ellos. Esa decisión me lleva a estar y pensar en América, hasta las raíces mismas, esas que no son frágiles y que dan tanta vida. Y no estoy solo.
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