lunes, 13 de diciembre de 2010

Historias desde una foto, o fotos desde una historia I


Justo, Cristina y Leónidas, 9 de Diciembre de 2010 en Plaza Juramento, CABA

Ya había tenido oportunidad de encontrarme con Leónidas un par de semanas atrás. Luego de salir de mi sesión de terapia, se me ocurrió pasar un rato por Plaza Juramento, a ver si tenía oportunidad de sacar alguna foto con una cámara que recientemente me habían regalado. Es así que al entrar a la plaza sentí un sonido de armónica y guitarra a lo lejos, como un llamado. Le hice caso y me acerqué. En un banco encontré a un señor tocando un chamamé, y a su lado a otra señora escuchando. Me senté y estuve largo rato compartiendo el momento musical. Así se me presentó Leónidas, quien se define como un "artista callejero", de esos que, gorra en mano, salen a difundir con sus viajes cultura y alegrar personas. Desde Escobar se venía este músico. Aquel día saqué unas cuantas fotos y prometí a Leónidas volver para dárselas.

Aquel segundo día lo encontré en otro banco, pero también acompañado de una señora, Cristina (médica clínica, homeópata y acupunturista), quien le tiene un gran afecto y atentamente escuchaba sus canciones. Ya superada una molestia en la garganta que le impedía cantar la vez pasada, resonaba espléndida una voz de años, depósito de incontables canciones. Nuevamente me senté y escuché. Luego apareció Justo y ambos tres, alegres con mi joven presencia, completaron el cuadro. La música atraía a otros oyentes, los que oficiaban de público por breves minutos. Leónidas los recibía gustoso ofrendándoles siempre alguna canción, especialmente a los pequeños y pequeñas que se acercaran.

Plaza Juramento tiene desde hace tiempo a su músico. Él no falla. Si la salud le permite, se acerca a un lugar que le da muchas satisfacciones. Seguiré yendo a compartir esos momentos, a seguir aprendiendo y a seguir retratándolos. 

sábado, 9 de octubre de 2010

A modo de presentación - Uno y el mismo, distinto

Y aquí estoy. En un momento importante del camino. Sintiendo que muchas piezas encajan y me están llevando hacia el lugar hacia donde quiero ir desde hace tiempo.
En mucho tuvo que ver mi reencuentro casi fortuito con la obra de Rodolfo Kusch. Kusch había aparecido al inicio de mis estudios en la carrera de Filosofía,  mientras cursaba Sociología en el CBC, a través de La negación en el pensamiento popular. Hoy vuelve casi al final del recorrido académico, con motivo de mis prácticas docentes, con su América profunda. Digo que vuelve de un modo casi fortuito por lo siguiente: tenía ya definido mi lugar y horario de prácticas en el colegio Carlos Pellegrini, cuando, por una confusión, tuve que cambiar de colegio y curso. Y bueno, la nueva opción que me dió el profesor Gustavo Loza era ir a un Profesorado de Geografía en San Fernando, trabajando temas de filosofía latinoamericana.  Y me entusiasmó. Y me entusiasmó mucho más todavía tener la posibilidad de volver a trabajar sobre la obra de Kusch.
Yo vengo de una familia de clase media muy venida a menos por lo que originó el desempleo en Argentina durante los 90’. Muchos cambios, que dolían, me hicieron ver que ya no estaba parado en aquella realidad en la que me había criado. El cambio fue intenso. Implicó decisiones y esfuerzos. La filosofía ya era mi terreno de exploración e inquietud. Me decidí a estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Allí me formé en la lectura de filósofos clásicos, modernos y contemporáneos, casi excluyentemente europeos. Y surgió una necesidad, falsa, por lo europeo. Desear estudiar en Alemania. Estudiar griego y alemán. Intentar llegar más genuinamente a esa cultura que tanto se me presentaba, casi como única opción. Y así la Filosofía, esa filosofía europea, entraba en crisis y contradicciones con mi vida cotidiana: los problemas familiares, amorosos, los para qué y por qué de algo que no terminaba de cerrar. Una obsesiva e inmensa racionalidad, que encomiaba a Aristóteles y Husserl y me situaba del lado de la epistemología, con una reprimida inquietud ética a flor de piel. 
Hoy estoy en tránsito hacia otro rumbo, hacia la América profunda de la que habla Kusch. Hoy me siento (y siento), más que nunca, mestizo en intereses, entre lo popular y lo culto. Mi decisión por América me lleva a experimentar, aprender, viajar, compartir y enseñar, a asumir mis miedos y hacer algo con ellos. Esa decisión me lleva a estar y pensar en América, hasta las raíces mismas, esas que no son frágiles y que dan tanta vida. Y no estoy solo.